3 de Julio, 2017
Hace casi diez años empezó la investigación por lavado de dinero contra los hermanos de los asesinados Perciles y Simón Sánchez Paredes.
Desde entonces, la Policía Antidrogas de Perú, la Procuraduría General de México y la DEA, han desempolvado los viejos archivos por narcotráfico que pesan sobre la familia originaria de La Libertad. Para el Ministerio Público y la Procuraduría Antidrogas, la fortuna ilegal de los muertos permitió crear un imperio minero que exportó toneladas de oro a Estados Unidos, Europa y Asia.
El 24 de junio de 1980, el confeso narcotraficante Masías León Mariños, un personaje condenado al olvido en los viejos archivos de la Dirección Antidrogas de la Policía (Dirandro), fue detenido en la ciudad portuaria de Chimbote, luego de una operación que involucró el decomiso de pasta básica cerca de Ecuador.
En aquella época, Perú era uno de los destinos favoritos de contrabandistas colombianos que, como llegó a ocurrir con un joven Pablo Escobar en los orígenes del cartel de Medellín, cruzaban la frontera para comprar droga en el norte del país y luego venderla en Estados Unidos.
La identidad de aquel personaje nunca hubiera trascendido de las páginas del atestado policial del caso sino fuera porque se atrevió a nombrar al financista de la organización, miembro de una familia que operaba desde las frías alturas de la sierra de la Libertad, y comprador de la pasta básica que él traía desde el valle cocalero del Alto Huallaga:
“(Yo) recibí 20 millones de soles (de la época) de Perciles Sánchez Paredes para comprar droga en Uchiza”, reveló León Mariños, días después de su captura. Frente a la fiscal de la investigación llegó a decir que “toda la familia Sánchez se encontraba en buena posición económica por dedicarse al narcotráfico”.
Casi cuatro décadas después, el eco de aquella manifestación sigue resonando en la historia de la lucha antidrogas en el Perú.
JUICIO ORAL: De izquierda a derecha, Fidel Sánchez Alayo (48) y su padre Manuel Sánchez Paredes (75), al costado de sus hermanos Orlando (73) y Fortunato (69) junto con Belisario Esteves en la audiencia inicial del caso en enero de este año. Ninguno quiso someterse al interrogatorio de la fiscalía y la procuraduría. / Poder Judicial.
Ojo-Publico.com –en el lanzamiento de NarcoMapa, una plataforma para investigar temas de narcotráfico en el Perú– identificó al llamado Caso Sánchez Paredes como uno de los más importantes en la lucha contra el lavado de dinero, desde la condena de Fernando Zevallos ‘Lunarejo’ en el 2005.
Precisamente, este proceso tiene sus orígenes más remotos en diferentes atestados por incautaciones de pasta base en los años ‘70, de la Procuraduría General de México y de la DEA en los ‘80 y declaraciones de traficantes como Masías León y pesos pesados del negocio ilícito que revelaron que Perciles Sánchez, inicialmente condenado a 15 años de prisión y luego absuelto en medio de un escándalo judicial, al igual que sus hermanos, eran narcotraficantes.
La saga histórica del clan Sánchez Paredes, que hoy se escribe desde la Sala Penal Nacional, empezó con los hijos de los campesinos Simón Sánchez y Sumilda Paredes:
Los hermanos Perciles (1938), Manuel (1942), Orlando (1944), Fortunato (1948), Amanda (1951) y Simón (1958). Nacidos en Mollebamba, un pequeño y empobrecido distrito ubicado entre La Libertad y Áncash, los herederos de la prolífica familia han sobrevivido a diferentes investigaciones policiales por sus presuntos negocios con firmas colombianas y mexicanas, y a los brutales asesinatos de Simón en México en 1987 y Perciles en Perú en 1991, para luego crear un emporio minero que ha llegado a exportar toneladas de oro a Estados Unidos, Europa y Asia.
Los reportes policiales más antiguos revelan que Perciles Sánchez empezó como traficante de pasta básica en los ‘60 en el Huallaga, incluso dos de sus sobrinos nacen en la zona de Juanjuí a fines de aquella década. Sin embargo, los rastros más contundentes de su pasado recién emergen en los ‘70. Entonces, el primogénito de la familia era un hombre con más de 40 años, y estaba asociado con Manuel, Orlando y Fortunato, en compañías de transportes, inmobiliarias y constructoras en Trujillo.
Hoy se conoce, según los reportes entregados por la DEA al Ministerio Público, que los hermanos operaban pistas de aterrizajes clandestinas en el norte del Perú en aquellos días, desde donde enviaban supuestas cargas de droga a México, dominado en esos días por el llamado cártel de Guadalajara.
SOMBRAS. Simón Sánchez Paredes (Izq.) murió asesinado en México en 1987, mientras que su hermano mayor Perciles fue acribillado en Trujillo en 1991.
En 1980, momento clave en el historial de la familia, Simón Sánchez arribó a México con apenas 22 años. Ese mismo año, Perciles había caído en prisión por la incautación de la pasta básica que León Mariños compró en Uchiza; mientras que Manuel y Orlando eran acusados como jefes de una organización criminal que traía droga desde el Huallaga, a raíz de la inspección policial de un inmueble y depósito de camionetas en Ate Vitarte.
Los atestados de la época confirman que las órdenes de captura contra los naturales de Santiago de Chuco estaban a la orden del día, al mismo tiempo que iniciaba una temporada de sangre y fuego en el Perú por la ofensiva de Sendero Luminoso contra el Estado y el ascenso de los primeros cabecillas del tráfico de drogas.
Desde el norte del país, Jorge López Paredes 'Tío George', ya había iniciado sus viajes a México para establecer contactos con los capos de Guadalajara; Lucio Tijero Guzmán 'Ingeniero', traficaba en el trapecio amazónico con el colombiano Evaristo Porras Ardilla, excliente del entonces abogado Vladimiro Montesinos y exlugarteniente de Pablo Escobar; mientras que Demetrio Chávez Peñaherrera 'Vaticano', empezaba a abastecer las narcoavionetas del cartel de Medellín y de Cali.
El negocio vivía su época dorada.
Un joven Fernando Zevallos 'Lunarejo', había cumplido su primera temporada de cárcel en Juanjuí (San Martín) y Jorge Chávez Montoya 'Polaco', ya empezaba a registrar sus primeros antecedentes por financiar el terrorismo en el Huallaga.
La violencia –que remecía Colombia con el cártel de Medellín y México por el crimen del agente DEA, Enrique Camarena– no tardaría en alcanzar a los Sánchez Paredes. Simón, instalado en Rancho Luna, un lujoso fundo en Pachuca (a hora y media del Distrito Federal), fue asesinado junto a su pareja en 1987.
Tenía 29 años, pero estaba bastante involucrado en el negocio de las drogas.
La policía mexicana que llegó al lugar descubrió un narcolaboratorio con 135 kilos de cocaína, insumos químicos y armas de guerra, además arrestaron a un ahijado de Perciles Sánchez, Elmer Vásquez Peláez (18); e incriminaron a dos hijos de Manuel Sánchez: Fidel Sánchez Alayo (18) y Luis Felipe Sánchez Luna (19).
Perciles conoció la noticia mientras cumplía 15 años de prisión por narcotráfico. Poco después, en 1991, la muerte también lo alcanzó en Trujillo, tras salir de la cárcel por la anulación de su sentencia. Tenía 53 años.
Simón Sánchez fue asesinado mientras su hermano Perciles purgaba una condena de 15 años de prisión
Tras la muerte del benjamín y del primogénito de los Sánchez Paredes, el Ministerio Público y la Procuraduría Antidrogas sostienen que los hermanos sobrevivientes, Manuel, Orlando y Fortunato, junto a Fidel Sánchez Alayo (1967), hijo del primero y citado en el caso de tráfico de drogas en México y en otro por envío de cargamentos de cocaína a Estados Unidos, se convirtieron en millonarios después de blanquear el patrimonio ilícito de Simón y Perciles. Entre 1992 y el 2007, cuando inició la investigación de la Policía Antidrogas que hoy los ha sentado en el banquillo de los acusados, la familia liberteña ha edificado un próspero negocio inmobiliario, ganadero y agroindustrial que tuvo su punto más alto cuando crearon la Compañía Minera Santa Rosa (Comarsa) en 1992.

DOMINIOS EN LA LIBERTAD. La localidad de Mollebamba (Santiago de Chuco), de donde son originarios los Sánchez Paredes, a pocos kilómetros del aeródromo de Tulpo y de las minas Comarsa y San Simón, creadas con dinero del narcotráfico, según el Miinisterio Público y la Procuraduría Antidrogas.
En los últimos 20 años, los hermanos de Simón y Perciles se convirtieron en el poder político y económico del distrito de Mollebamba, cerca de donde operan sus compañías auríferas. Orlando Sánchez consolidó su poder en la minera Comarsa; Manuel fue elegido alcalde de esta localidad entre 1995 y el 2002, logrando que el municipio cree un aeródromo con el supuesto objetivo de promover el turismo en un pueblo de menos de 1.000 habitantes; mientras que su hermano Fortunato, ocupa el cargo desde el 2006 hasta la actualidad. Estos hechos llaman la atención del Ministerio Público y de la Procuraduría Antidrogas ya que los Sánchez Paredes fueron acusados de utilizar pistas clandestinas para llevar droga al extranjero y porque en el 2007 la Dirandro los acusó por desvío de insumos químicos, caso que fue extrañamente archivado.
Sin embargo, la época de la bonanza absoluta acabó en el 2007, cuando la Policía Antidrogas lanzó una ofensiva contra la familia Sánchez Paredes, que había pasado de los reportes de inteligencia a las revistas del jet set limeño. En estos diez años, el equipo de la Dirandro que opera con respaldo de la DEA, la Procuraduría Antidrogas y la fiscalía de lavado de dinero que defiende el caso en juicio oral, han sido protagonistas en la batalla legal contra las firmas de abogados que intentan archivar el proceso de Manuel (y su hijo Fidel), Orlando y Fortunato Sánchez Paredes, y uno de sus hombre de confianza Belisario Esteves, exministro aprista. Hoy la batalla final, como en el polémico juicio de los ‘80 contra Perciles, se libra en el Poder Judicial.
La justicia va por la revancha.
Investigación:
Óscar Castilla C. y Ernesto Cabral. Con la colaboración de Alonso Balbuena, Daggiana Gómez y Miguel Loayza.
Fuente: ojo-publico



Social Plugin